
A continuación os señalo una serie de pautas a tener en cuenta cuando visitamos una oficina bancaria en busca de algún producto que nos pueda interesar para sacarle mayor partido a nuestros ahorros, tengamos en cuenta lo siguiente;
1. Tener claros los objetivos. No se puede entrar en un banco "a ver qué me ofrecen". Hay que diseñar una estrategia coherente con los objetivos que se persigan. Lo primero es determinar el riesgo que se está dispuesto a asumir, lo que determinará la rentabilidad potencial que se obtendrá. Si no se tienen los conocimientos necesarios, lo más razonable es pedir ayuda a un especialista. Una vez determinado lo que se quiere, el ahorrador tendrá que entrar en la oficina adecuada, pues los productos que ofrece cada entidad son muy diferentes.
2. No fiarse de las palabras. Los empleados de las entidades financieras son, en primer lugar, comerciales. No hay que fiarse de las indicaciones verbales. Lo habitual es que se resuman las características de los productos, pero hay que leerse todo el contrato antes de firmar. Hay que exigir toda la información por escrito y leerse detenidamente la letra pequeña. Esto es especialmente importante en los productos estructurados. Si es necesario, el cliente debe llevarse el contrato a su casa y leérselo tranquilamente.
3. No comprar lo que no se entienda. Por muy bueno que pueda parecer, es importante no adquirir nada cuyo funcionamiento se desconoce. Éste es un principio de inversión básico de Warren Buffett: "Invierta sólo en lo que entienda". Es imprescindible conocer la técnica que hay detrás de cada producto.
4. Conocer quién responde. El riesgo de contraparte siempre existe en mayor o menor medida. En el caso de los depósitos, es el Estado el que responde y en el de los fondos, está muy repartido. Pero la garantía de los productos estructurados depende directamente de la solvencia de la entidad que la otorgue, lo que eleva el riesgo. La deuda bancaria y las participaciones preferentes están ligadas también a la salud financiera de la entidad.
5. Conocer la liquidez. ¿Necesitará el dinero a corto plazo o puede prescindir de él durante un largo periodo de tiempo? Éste es un aspecto crucial que determinará el abanico de opciones para el ahorrador. Algunas propuestas gozan de liquidez total, como los depósitos, las cuentas de alta rentabilidad y los fondos monetarios. Pero otras, como los garantizados, las emisiones de deuda y las preferentes, implican no poder recuperar el dinero de forma tan sencilla.
Me gustaría comentar ahora uno de los productos financieros de moda, se trata de las participaciones preferentes, pero esto no quiere decir que sean aconsejables.
Últimamente, en las cajas y los bancos venden las participaciones preferentes al por mayor, a clientes minoristas de toda la vida, como si fueran una alternativa a los depósitos. Pero no lo son en absoluto.
Su gancho es muy poderoso: ofrecen rendimientos que llegan a superar el 8% anual. Ya se han colocado cerca de 3.000 millones desde diciembre, y Caja Madrid y La Caixa están en plena comercialización de hasta 3.000 y 2.000 millones, respectivamente (entre junio y julio le tocará al Banco Santander). Las ventajas de este producto, para las entidades financieras, son indudables. Refuerzan sus ratios de solvencia y además les permiten captar liquidez.
La mala noticia es que los riesgos para los minoritarios son muchos y muy variados. Primero, la remuneración no está asegurada, depende de que la entidad logre el beneficio necesario.
Segundo, su capacidad de absorber pérdidas (por esto precisamente computan como recursos propios) permite que la entidad las liquide por un valor inferior al nominal. Esto provocaría pérdidas en los inversores.
Tercero, son perpetuas. La entidad se guarda el derecho -aunque no la obligación- a comprarlas a los cinco años. Esto pesa a la baja en su precio de cotización en el mercado secundario. Además, no interesan a los institucionales, lo que reduce mucho su liquidez.
Peligros
Liquidez. Quien quiera venderlas tendrá problemas. Cotizan en el mercado secundario, pero no hay garantía de que se recupere la inversión. Son perpetuas, lo que se penaliza.
Rentabilidad. No es segura. El cupón depende de que la entidad en cuestión consiga los beneficios suficientes para abonarlo.
Prelación. En caso de insolvencia, los titulares de preferentes son los últimos acreedores de la lista.
Comentemos ahora otro de los productos por todos conocidos a estas alturas, las cuentas remuneradas.
Es la opción más conservadora. Las cuentas de alta remuneración ofrecen la misma seguridad que los depósitos (100.000 euros están garantizados por cliente y entidad), pero con una diferencia sustancial: por definición, su liquidez es inmediata.
Normalmente, se contratan a través de internet y no admiten domiciliaciones ni medios de pago, como las tarjetas de crédito.
Actualmente, uno de los mejores productos es el que comercializa la filial en internet del Popular, que da una rentabilidad del 3,4%. Igualmente, iBanesto da el 3,6%, pero sólo hasta el próximo mes de octubre. En cualquier caso, su atractivo ha ido bajando a medida que se relajaba la tensión del mercado monetarios, al igual que ha ocurrido con los depósitos.
Una de las desventajas de las cuentas de alta rentabilidad radica en su dependencia absoluta de los tipos de interés del mercado. En los depósitos, la rentabilidad se pacta en el momento de la contratación y se mantiene vigente hasta el vencimiento. En cambio, en las cuentas las condiciones pueden cambiarse en cualquier momento de forma unilateral por parte de la entidad financiera.
Ventajas
Seguridad. Disponen de las mismas garantías que los depósitos. El fondo de garantía cubre hasta 100.000 euros si la entidad financiera se declara insolvente.
Liquidez. Las cuentas de alta remuneración suelen contar con liquidez absoluta. El cliente puede rescatar el dinero en el momento que así lo desee. Eso sí, su rentabilidad también varía al compás del mercado.